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Xiomara Díaz: Tengo el reto de llegar a Segunda B como árbitra principal

Gema G. Hernández |

El próximo mes de septiembre Xiomara Díaz se convertirá en la primera mujer nacida en Canarias en pitar en la máxima categoría del fútbol nacional femenino: la Liga Iberdrola.

En abril de 2018, después de seis temporadas arbitrando, el Comité Interinsular Tinerfeño de Árbitros (CITAF) la designó para el II Programa de Selección de Árbitras para la Primera División Femenina.

Ahora, con el ascenso en sus manos, y a la espera del arranque liguero el próximo ocho de septiembre, la colegiala tinerfeña tratará de seguir los pasos de Marta Huerta, la mejor árbitra de España, y alcanzar también la Segunda División masculina.

¿Por qué pasar de jugadora a árbitra?, ¿Fue una evolución natural?

No, fue una evolución bastante forzosa. Cuando terminé el colegio busqué un equipo de fútbol sala femenino cerca de La Laguna, pero no había ninguno. Había uno en San Marcos y otro en Icod. Y claro, con 16 años y sin coche, tenía complicado poder asistir a los entrenamientos, así que lo tuve que dejar de forma forzosa.

¿Cómo surge la idea de convertirse en árbitra?

Me lo propuso una amiga del colegio. Su padre había sido árbitro durante muchos años y la verdad es que poco a poco se me empezó a meter la idea en la cabeza. Aunque al final me metí yo sola, mi amiga no se decidió.

¿Tuvo suficiente información, ayudas o becas a su disposición para formarse como árbitra?

No, la verdad es que no. No tenemos subvenciones o ayudas como quizá puedan tener los clubes. O al menos yo no conozco ninguna.

¿Cómo se sintió al recibir la noticia del ascenso a Primera División Femenina?

La verdad es que me pilló un poco descolocada porque estaba literalmente durmiendo cuando me sonó el teléfono. Pero bueno, una vez se te pasa el shock inicial y lo vas asumiendo con el paso de las horas, te sientes muy bien, porque te acuerdas de todos los años que llevas intentando estar ahí, de todo el trabajo y de toda la gente que ha estado detrás apoyándote.

Ahora que ha ascendido, ¿cuál es su próximo objetivo?

Mi primer objetivo, como cualquier club que asciende, es la permanencia. Me gustaría poder quedarme en primera un año más. Y después, como meta B, tengo la tercera división masculina metida entre ceja y ceja. Llevo un par de años intentado ascender y en el último momento me quedo a las puertas, así que a ver si este año doy el pasito y asciendo a tercera.

¿Cuál es su máxima meta dentro del arbitraje?

Todo el mundo suele decir que pitar un Mundial o una Eurocopa, pero yo no busco tanto el resultado a nivel de categoría o a nivel de partido, sino que quiero llegar a encontrarme a mí misma como árbitra. Siempre digo que el árbitro se va construyendo con el paso de los años, y que cuantos más años llevas rodando, más te vas encontrando. Así que de aquí a quince o veinte años me gustaría poder decir: “Esta soy yo y este es mi arbitraje”. Saber que todo va a salir bien y trasmitir esa paz en el campo.

¿Cómo se define como árbitra?

Me gusta mucho dirigir a través del diálogo, y siempre intento retrasar la sanción disciplinaria. Trato de que todos llevemos el partido de forma conjunta, y de llevar a los dos equipos a un acuerdo cuando se produce una situación tensa. No me gusta tirar de tarjetas, gritar o enfadarme, sino poner calma y hacer que el jugador entienda que estás ahí para que todo vaya bien. Es algo difícil y algunas veces no lo consigo, pero estoy en el camino.

¿Qué medidas tomaría para conseguir una mayor igualdad en el arbitraje?

Creo que las condiciones para el arbitraje femenino están mejorando muchísimo. Ahora que he llegado a primera división soy consciente de todos los medios de los que disponen las árbitras, y la verdad es que me he llevado una agradable sorpresa, tenemos  muchas herramientas. Sí que es cierto que en las categorías inferiores hace falta aumentar los recursos y el tráfico de mujeres. Es un trabajo de base, como el que tienen los clubes femeninos.

¿En qué punto cree que se encuentra el arbitraje femenino en España?

Desde hace tres o cuatro años el arbitraje femenino ha experimentado una evolución muy vertical y rápida. La Federación Española ha impulsado mucho el arbitraje a través de la Liga Iberdrola, y se ha puesto a la árbitra una meta más asequible que el llegar a la primera división masculina, que es reto de todos los árbitros. Esto llama a las niñas a querer arbitrar o a cambiarse al arbitraje si no les va bien como jugadoras. Al final, si ves una meta alcanzable, como lo es la Liga Iberdrola, te motivas, y eso está atrayendo a mucho talento femenino al arbitraje.

A nivel internacional, ¿la proporción entre árbitras y árbitros es la misma que en España?

Creo que la proporción varía muchísimo en función del país. No obstante, no creo que ningún país llegue a un diez por ciento de plantilla femenina. En España ronda el cuatro o cinco por cierto, y somos uno de los países más desarrollados en cuanto a fútbol. A nivel internacional nunca ves a mujeres arbitrando, salvo en Francia, Alemania y ahora España con Guadalupe Porras. Creo que todos los países están más o menos en la misma situación. Hay que seguir mejorando el arbitraje femenino porque en comparación con el masculino, a nivel porcentual, estamos muy por detrás.

¿Se puede vivir del arbitraje en España?

En España se puede vivir del arbitraje si eres árbitro de primera división, o si eres árbitro de segunda división masculina. En el resto de categorías es totalmente inviable.

¿Qué valores cree que puede trasmitir el arbitraje e inspirar a niñas para que lo ejerzan?

Creo que el arbitraje sería una terapia muy positiva para el típico adolescente conflictivo. Te lo digo porque yo, cuando era más jovencita, tendía a ser indisciplinada, y el hecho de empezar a arbitrar, de tener responsabilidades en mis manos, de ser un poco la que dirige los tiempos, y la que tiene que gestionar las emociones de personas que no conoces y que te superan en edad, te ayuda mucho a crecer como persona. Te enseña a automoderarte, porque cuando ves comportamientos en otras personas que te desagradan, tiendes a no repetirlos en ti mismo. Y eso, cuando eres joven, es muy bueno para tu crecimiento personal.

Además, quitando lo anterior, los árbitros también entrenamos muchísimo, porque tenemos pruebas físicas muy exigentes. Es un deporte individual, en el que compites contra ti mismo y contra tus propios tiempos, pero también colectivo, porque tienes al resto de compañeros detrás animándote. Creo que el arbitraje es muy bonito y muy completo, y aprendes muchas cosas que no te imaginas cuando simplemente ves a un árbitro pitando por la televisión.

¿Recuerda alguna mala experiencia?, ¿Ha tenido que padecer comentarios machistas en los campos de fútbol?

Sí, sobre todo los primeros años que comencé a arbitrar. No había tantas chicas como ahora, creo que solamente Marta Huerta y Belinda Castilla, y la gente no estaba muy acostumbrada a ver a una mujer arbitrando. Pero creo que con el paso de los años la tendencia de este tipo de comportamientos ha sido a la baja. La gente se está concienciando mucho sobre el machismo y el sexismo, pero sí que recuerdo un par anécdotas, de gritos de hombres y mujeres, y de experiencias bastantes feas.

¿Cree que la sociedad sigue valorando menos a una árbitra que a un árbitro?

Creo que a nivel interno, es decir, comités de árbitros, clubes, el banquillo, los jugadores,  los directores deportivos…  sí que valoran por igual a hombres y mujeres. Pero también es cierto que el aficionado todavía no lo ve con la misma naturalidad que un jugador.

¿Cómo maneja la tensión y la presión en los partidos?

Al principio no lo llevas muy bien, también porque normalmente eres más joven. En mi caso, siempre me ha chocado mucho el tema de la violencia y de la mala educación, porque crecí en un entorno que no me acostumbró a ese tipo de cosas, así que cuando empecé a arbitrar me chocó mucho el comportamiento de la gente y lo desagradables que pueden llegar a ser con una persona que ni siquiera conocen. En España tenemos un problema, y es que está socialmente muy aceptado el convertirte en un energúmeno cuando estás en una grada o incluso cuando vas conduciendo. La gente cambia radicalmente. Pero bueno, al final te vas acostumbrando, y llega un momento en el que ni siquiera escuchas. Te concentras tanto en el partido que ni siquiera te da tiempo a escuchar. 

¿Dónde se ve de aquí a dentro de 10 años?

Me gustaría poder seguir en primera división, y si cayera una internacionalidad, ya sería impresionante, aunque lo veo bastante complicado. En cuanto a la categoría masculina, si que tengo el reto de llegar a Segunda B como árbitra principal, porque es algo que no ha conseguido casi ninguna mujer.

De aquí a dentro de diez años me gustaría haber estado una temporada o dos en Segunda, y  disfrutar de esa categoría, porque es muy bonita. Mezcla el fútbol profesional, con la humildad del fútbol regional, y el potaje que queda es bastante interesante.

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